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Sistema de Riesgos de Trabajo: botín de guerra sinfín

Empleadores, trabajadores, representantes gremiales y empresariales, prestadores, profesionales y técnicos, integrantes de los tres Poderes del Estado y se van sumando a la lista todos los actores involucrados en este complejo engranaje llamado Sistema de Riesgos de Trabajo.

El año pasado, como consecuencia del 20º aniversario de su creación fueron noticia, durante meses y en los principales medios nacionales e internacionales, las cifras que resumen la evolución del sistema:

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Sin embargo, se destacó el exponencial aumento de la litigiosidad que no guarda relación con la baja en los accidentes y fallecimientos, ni con el aumento en las actividades de prevención, las mejoras prestacionales y los servicios incorporados.

Ante este panorama, el 23/01/17, se publicó en el Boletín Oficial el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 54/2017, mediante el cual se reforma el Sistema de Riesgos del Trabajo, en línea con la media sanción del Senado de la Nación de fecha 21/12/16.

Como sucede en nuestro país cuando no hay debate ni consenso y hay muchos intereses y voluntades en juego sumado a que siempre se llega tarde al problema, 30 días después de la publicación del DNU, un juez del fuero laboral lo declaró inconstitucional por entender que la iniciativa es contraria a la Carta Magna y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Según el fallo del subrogante Alejandro Aníbal Segura, la norma fija un doble esquema para los empleados registrados y para los informales. Por lo tanto, cuando un trabajador desee iniciar una demanda laboral por accidente o enfermedad, al establecerse un trato diferencial se violaría el principio de igualdad ante la ley lo que es considerado inaceptable para el magistrado. (EXPTE. 4520/2017)

Por fin alguien piensa en los trabajadores y sus derechos, sin excepciones ni privilegios, en la equidad del sistema y de las prestaciones. Sin embargo, los beneficiarios aún están en la encrucijada, en el dilema de no tener aún aprobada y en vigencia una ley que realmente los convierta en protagonistas, sin tirones, sin favoritismo, sin arbitrariedad. Y mientras esperan que defiendan sus intereses, sufren riesgos, siniestros y enfermedades. Y mientras esperan tener una respuesta en tiempo y forma, las autoridades siguen pugnando en el terreno ejecutivo, legislativo y judicial. Y mientras esperan, el sistema desordenado crece y crece con beneficiarios confundidos. Pero, ¿hasta cuándo? Esperamos que este año sea bisagra y se convierta en el puntapié para que efectivamente suceda el cambio y todos los actores involucrados estén a la altura de las circunstancias que una reforma de este tipo implica.

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